Soy mortal, soy cualquiera.
Las calles iluminadas, sin gente,
rodeadas de farolas que inspiran gemidos,
mancha de olor ocre los bancos.
De las persianas colgadas y alargadas
asoman las penas y miserias
de aquellos, que como yo,
fecundan muertes de antemano:
noches de pereza, relojes macerados,
horizontes quebrados que no llegan a romper,
borracho, indiferente, débil y cansado.
Ahora no busco la explicación.
Ahora no quiero saber nada.
Esta costa amorfa donde estoy parado,
Moldeada por suicidios y tempestades,
Es mala cosa para mi vicio anciano.
La distancia no importa para aquel
Que no sabe dónde va.
Amanece, todo muere.
Sigo igual...vacío.
Las deudas se asocian en la entrada
esperando el momento de hacer daño.
Las dudas se acumulan en la mesa
Triste colección de desengaños.
Me convenzo de que no sirvo,
Para confirmar que no valgo.
Para recopilar mi dicha , escribo.
Para ordenar los capitulos, lloro.
Solo por intentar olvidarme:
De esta cuenta pendiente,
que no consigo liquidar.
de esta receta incompleta,
de ingredientes malolientes,
de pensamientos gastados,
de cuentos descuartizados,
de este turbio tallador,
que es un eterno perdedor.
Doblando la espina, me sitúo el último,
De una larga cola de reos,
que me insultan con su silencio,
ligeros de confianza, sombras sin deseos,
espesos de mentiras, cuerdos por estar muertos;
Me uno a ellos para ser alguien,
pretendo ser diferente para igualarme.
Convictos de juventud, creadores sin esperma,
pagadores de penas que nunca serán resueltas.
Soy uno mas, soy uno de ellos.
Ellos no me traicionaran,
voy con ellos confiado,
vosotros si sabeis juzgar,
ellos ya me han perdonado.
domingo, 2 de septiembre de 2007
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